Por: Ramón Rocha Monroy*Lo malo es que toda esa exigencia formal está destinada a un universo de lectores que no pasa de cinco o de ocho jurados que someterán al postulante a una o varias sesiones de tortura mental para que confiese sus debilidades teóricas y metodológicas mediante preguntas capciosas y citas sacadas de contexto. Como estos cinco u ocho lectores son viejos profesores, defenderán su estatus de tales evitando mostrar el menor asombro por los aportes del tesista y abundando, más bien, en ironías y rabietas por sus atrevimientos de forma y fondo.
La tesis puede ser aprobada incluso cum laudem, pero ¿hay alguna probabilidad de que sea leída por los papás, la enamorada, los hermanos, los cuates o los enemigos del tesista? Casi todos ellos se alegrarán de ver el título enmarcado, pero ¿acaso honrarán los desvelos y sacrificios del tesista que se ha embarcado durante más de un año en resolver las trampas y reticencias del tutor o de los lectores designados como tribunales?
¿Cuál es la composición de ese año y más de desvelos? ¿Se aislará el tesista en una finca o una isla para leer y escribir todo lo que las musas le dicten? ¡No! Porque gastará la mayor parte de su tiempo en papeleos y trámites, en presentar certificados de notas, en visitar una y otra vez al tutor y recibir postergaciones para entregar sus informes, en pagos por imprenta, fotocopias, empastes y otros derechos académicos, además de asegurarse que ninguno de los delegados al examen se falte. Incluso puede ocurrir que los delegados del tribunal recomienden la publicación de la tesis, o que algún editor particular quiera divulgarla.
Pero entonces viene una segunda jornada de desvelos para convertir en texto sencillo ese penoso rosario de notas, citas, abreviaturas y palabras especializadas, precedido por una larga introducción metodológica, que suele ser la parte absolutamente prescindible del conjunto. El editor dirá, en un arranque de sinceridad: “Seguramente es muy buena la tesis, pero no se te entiende una chingada. ¿Para qué tantas citas, notas y abreviaturas? ¿No puedes reescribirla en buena prosa?”. El comentario del editor revelará dos arcanos: el primero, que una tesis está reñida con la buena literatura, pues por naturaleza debe estar destinada a joder al lector y matarlo de aburrimiento; el segundo, que una vez eliminadas las notas al pie, y sobre todo la introducción metodológica, ¡casi, casi no queda nada!
*Escritor y columnista
ramonrochamonroy@gmail.com
PUBLICADO EN LA PRENSA-BOLIVIA



