
Con la opinión pública en este punto, fácilmente la próxima orden gubernamental podría ser poner un paredón a lo interno de las cárceles, para ver si así se reduce el hacinamiento miserable existente en esos mal llamados centros de rehabilitación.
Cadenas perpetuas, ejecuciones, salas de tortura y todo lo que sea necesario para “acabar con la delincuencia”, podrían tomarse los barrios con espectaculares operativos policiales, al estilo de la Mano Dura de Moscoso.
Es necesario cuestionar, ante esta sociedad que clama justicia por la sangre de los inocentes, pidiendo casi unánimemente a cambio la sangre de los delincuentes -culpables y presuntos-, ¿estás medidas van dirigidas a castigar a todos los criminales? ¿Cuál es el estrato social de los que superpueblan las cárceles? Adelantándome a la respuesta de esta última pregunta, siendo los pobres la gran mayoría de los presos, ¿será que los ricos no delinquen?
Crimen y delito son conceptos distintos. Podríamos decir que crimen es el concepto general, entendido como la conducta que atenta contra la sociedad, individuos o sectores de ella; mientras que delito, es la conducta criminal que está tipificada dentro de la ley penal de un Estado.
Partiendo de esta idea, podemos deducir que hay conductas criminales que no son delitos, por lo tanto es oportuno preguntarse, ¿Quiénes deciden qué es delito y qué no? ¿Cuál es la posición de clase de los que deciden esto?
Las clases dominantes difunden la idea de que aquel que delinque lo hace porque quiere, por simple voluntad, desconociendo que el entorno social condiciona muchas conductas del individuo. Eso explica porque los niños bien, de los barrios bien, jamás tocarán una prisión, ni serán sometidos a lo tortuoso de un proceso penal.
Ya dirán los detractores de esta idea, que de los barrios populares sale mucha gente buena y eso es cierto, pero eso no cambia el denominador común, la relación estrecha que hay entre exclusión social y delincuencia.
Estados Unidos tiene dentro de su sistema legal penas severas para los delincuentes, que van desde la cadena perpetua hasta la pena de muerte, pero su población penitenciaria es la más grande del mundo y los índices delincuenciales permanecen altos. Sólo un ejemplo.
La inseguridad pública es un asunto de todos, pero la sola represión no es la solución, porque esta sólo ataca los efectos, jamás se asoma a la raíz del problema, que nace en la criminal injusticia social que azota al pueblo trabajador.
-LCR


