jueves, 3 de septiembre de 2009

Ho Chi Minh, un símbolo de la lucha contra el imperialismo.



David Arrabalí
MUNDO OBRERO.

Ayer 2 de septiembre hizo 40 años que murió Ho Chi Minh, considerado una de las principales figuras de la lucha contra el imperialismo y por la liberación de los pueblos.
El revolucionario vietnamita, junto a su pueblo, se convirtieron en un símbolo de la lucha contra el colonialismo y explotación por parte de las potencias capitalistas internacionales del denominado Tercer Mundo. Su nombre destaca entre los grandes referentes mundiales de la izquierda comunista, mucho más allá de los límites de su país.
El triunfo vietnamita contra Estados Unidos demostró que era posible derrotar al imperialismo pese a la enorme disparidad de recursos. En el mundo entero grandes contingentes populares se movilizaron en solidaridad con la revolución vietnamita y la figura de Ho Chi Minh alcanzó un merecido prestigio mundial.
El ejército popular organizado por Ho Chi Minh derrotó a tres de las potencias imperialistas más poderosas del momento: Francia, Japón y Estados Unidos. Estos no escatimaron medios de destrucción masiva y masacraron al pueblo vietnamita.
Ho Chi Minh venció a quienes trataron de oprimir y explotar al pueblo, incluso a Estados Unidos, que dominaba el mundo y que trataba de imponer el capitalismo.
Nació el 19 de mayo de 1890 en Annam, en el norte del actual Vietnam, que en aquel tiempo llevaba ya 30 años bajo la ocupación colonial francesa, cuyos abusos imperialistas presenció desde su más tierna infancia.
Hijo de un médico naturalista, estudió en Saigón. Después de la humillación de su familia y la destitución de su padre como funcionario, decidió emigrar por las duras condiciones sociales del país y por la opresión de la potencia colonial sobre ellos.
En 1912, tras un largo y complicado viaje recaló en Londres, donde trabajo por un escaso salario durante tres años, como mozo de hotel y retocador de fotografías, lo que hizo que sus convicciones izquierdistas se afianzaran.
En París toma contacto con los incipientes movimientos anti colonialistas y se afilia al Partido Socialista Francés, en cuyo congreso de Tours votó con la mayoría internacionalista que decidió adherirse a la III Internacional.
También comienza a destacar como activista, participando en la fundación de la Sección Francesa de la Internacional Comunista, luego rebautizada como Partido Comunista Francés (PCF).
Empieza a trabajar como redactor de L'Humanité y después fundó el periódico El Paria, donde escribirían los dirigentes revolucionarios de los países coloniales. En este contexto conoció a importantes personalidades del marxismo y del movimiento obrero internacional.
Aquí comienza una etapa fundamental en su vida, con una enorme producción intelectual, incluida su faceta como poeta. En sus artículos y escritos se visualiza su enorme compromiso de la lucha contra el imperialismo y en contra de la opresión de los pueblos dominados por el colonialismo.
En la conferencia de Versalles destaca por sus intervenciones en contra de la opresión y en pro de la igualdad de derechos para la colonia de Indochina.
De París se trasladó a Moscú, donde formó parte de la Internacional, y luego a China, para cooperar con el Partido Comunista Chino, terminando de completar allí su formación política y militar.
El 1927 escapó de China después de los sucesos contra revolucionarios que se producen en aquel país, pasando a la clandestinidad, desde la que organiza huelgas y levantamientos armados en Siam (actual Tailandia), Birmania y China.
Fundó el Partido Comunista de Vietnam en 1930, pero luego fue detenido otra vez más. Después sucedió un cambio de dominación inesperado pues Indochina que era de dominio francés pasó a ser japonés por una invasión de estos ese mismo año.
En 1940 fue liberado y regresó a su país, creando el Frente para la Liberación de Vietnam (Viet Minh) que lucharía durante cinco años contra la ocupación japonesa hasta la expulsión de estos de Vietnam.
Los nacionalistas chinos ocuparon el norte del país mientras las tropas inglesas entraron por el sur. También los franceses querían recuperar sus dominios coloniales y volvieron a ocupar el país mientras guerrilleros vietnamitas rechazaban a los chinos en el norte y liberaban aquella zona.
El Vietminh declaró la independencia el 2 de septiembre de 1945, fundándose la República Democrática de Vietnam, pero los planes imperialistas para la región no contemplaban la independencia sino un nuevo reparto de la zona entre las potencias capitalistas. El 24 de noviembre de 1946 los franceses bombardean Haiphng matando miles de civiles. El pueblo reaccionó el 19 de diciembre con una insurrección general.
El ejército francés es derrotado y Ho Chi Minh es proclamado primer presidente de la República Democrática de Vietnam. Pero Vietnam del Sur, bajo la conducción de Ngo Dinh Diem, se niega a convocar elecciones con el apoyo de Estados Unidos, ante la previsible victoria electoral de Ho Chi Minh
El general Eisenhower creía que un 80% de vietnamitas habrían votado por Ho Chi Minh, por lo que el departamento de estado norteamericano decide facilitar apoyo militar al sur para contener el comunismo y mantener su influencia en la zona.
A la guerra contra Francia sucedió la guerra contra Estados Unidos. Ho Chi Minh impulsó y ordenó el apoyo a las guerrillas, formando el Frente Nacional de Liberación (FNL), y el Viet Cong, nombre que recibía su guerrilla de liberación.
Murieron más de 5 millones de vietnamitas y 3 millones padecieron los efectos del agente naranja, una potente arma química. Durante la guerra se lanzaron más de 7 millones de toneladas de bombas y 100 mil de sustancias químicas tóxicas. O sea, más bombas que las arrojadas durante la Segunda Guerra Mundial.
Ho Chi Minh murió el 2 de septiembre de 1969, en su modesta casa de Hanoi a la edad de 79 años, de un paro cardíaco.
Murió sin ver culminada la obra de una vida dedicada a la revolución. Para los vietnamitas él venció a Estados Unidos, y cuentan que tanques victoriosos llevaban una pancarta que decía: Tú siempre marchas con nosotros, Tío Ho.

jueves, 27 de agosto de 2009

Rebelión publica las obras completas de Marta Harnecker.

Al cumplirse 40 años de la primera edición de "Los conceptos elementales del materialismo histórico"
Rebelión publica las obras completas de Marta Harnecker: 82 libros que suman más de once mil páginas - BIBLIOGRAFÍA ÍNTEGRA AQUÍ

Durante los próximos meses, Rebelión publicará, dentro de un apartado especial abierto en la sección Libros Libres, todos los libros escritos por Marta Harnecker, desde el clásico Los conceptos elementales del materialismo histórico (publicado en 1969 y que ya alcanza las 66 ediciones con Siglo XXI) hasta sus últimos trabajos. A partir de mañana y cada tres días aparecerá en Rebelión un libro de Marta Harnecker, hasta completar los 82 que constituyen su obra completa y suman más de 11.000 páginas.

En esta bibliografía, los títulos se han ordenado usando como criterio la fecha de su primera edición y van ordenados desde el más antiguo hasta el más reciente. Cada título va seguido de una breve explicación de su contenido, datos editoriales y revisiones o ampliaciones sufridas. En algunos libros, ha habido reediciones que han implicado alteraciones del texto original o se ha agregado algún material. Esto se explica en la nota que acompaña a cada título.

PARA DESCARGAR BIBLIOGRAFÍA COMPLETA, HAGA CLICK AQUÍ.

martes, 18 de agosto de 2009

Chávez y Rosa de Monagas: ¡Un video que vale por mil palabras!

Me emocione casi hasta las lágrimas con escuchar a esta muchachita, no sólo porque ella expresa lo que nunca veo en l@s chaval@s de su edad, sino por la fortaleza y la profundidad de sus palabras.

Pero lo que más me impacto fue su humildad, ¡coño!, no se dejó poner en el pedestal, aunque fuese su presidente el que lo hacía y siempre por encima del "yo", estuvieron primero los compañeros, los estudiantes, la patria y el pueblo.

Que lindo ejemplo, para tod@s.

jueves, 13 de agosto de 2009

Objetivos de las Reformas Educativas

Es un mal crónico, un reclamo en cada esquina del país, las falencias de nuestra educación pública son objeto de debates televisivos, radiales y hace poco, fueron blanco también de las promesas electorales.

Cualquier propuesta debe contar con la participación de los principales actores de la vida político social panameña, no sólo con los convidados de siempre –gremios empresariales y educativos- sino que también debe incluir la participación de las organizaciones sociales y de trabajadores, quienes son los padres y madres de los estudiantes que asisten a los centros de educación pública.

La educación -al igual que otros elementos de la sociedad- está influenciada por concepciones ideológicas, que al mismo tiempo reproduce. En Panamá está orientación ideológica ha sido dirigida a promover el individualismo, la competencia, el tecnicismo, por lo tanto, en desmedro de los intereses de la colectividad o valores como la solidaridad y el humanismo.

Mucho se ha hablado sobre la educación, sobre cómo resolver problemas tan enraizados en el propio sistema y creo que la solución pasa por plantearnos soluciones radicales –yendo a la raíz- sino, después del primer impulso retornaremos, en el mejor de los casos, a sólo pintar y arreglar techos en las escuelas.

Dos importantes puntos a abordar son el cambio de evaluación y de jornada. Por una parte, las diferencias entre la evaluación de secundaria y la evaluación de universidad, no tienen ninguna justificación, más que promover la mediocridad.

Mientras que en secundaria se aprueba con la mitad más uno, en la universidad el mínimo requerido es de setenta y un porciento, lo cual es una brecha demasiado grande.

Por otra parte, la jornada de clases recibida por los estudiantes de las instituciones públicas, son más cortas que las recibidas en instituciones privadas, lo cual es una desventaja para los primeros, dificultando los tiempos de aprendizaje y evaluación necesarios.

Se deben construir nuevas escuelas y colegios, que permitan la ampliación del horario de clases y la reducción de la cantidad de estudiantes por aula, a aproximadamente veinte estudiantes, lo cual facilitaría las labores docentes.

A estos puntos podríamos agregar los necesarios cambios en los planes de estudio, los cuales van desde la reforma a los temarios, pasando por reafirmar el carácter laico de la educación panameña, hasta el cambio de los períodos educativos a trimestres o semestres, que darían una mayor continuidad al proceso educativo.

La educación pública hasta el momento sólo ha servido como cantera que crea y facilita mano de obra barata y dócil al capital privado, el objetivo de las reformas a la educación pasa por medidas que cambien este panorama y que permitan la construcción de un sistema educativo, que fomente la formación de ciudadanos plenamente consientes de sus deberes y derechos, con capacidades básicas en las áreas científicas y técnicas, sin descuidar el humanismo y las ciencias sociales, que en definitiva hacen a un ser humano completo.

-LCR

Publicado en Kaos en la Red

Publicado en el Diario "La Estrella de Panamá."

lunes, 3 de agosto de 2009

¿Socialdemocracia o socialismo?

Suelen confundirse ambos términos desde que la experiencia neozarista del socialismo real soviético permitió a los socialdemócratas reclamar para sí en monopolio el verdadero socialismo. Para que no se le confundiera con el comunismo totalitario, se le añadió el adjetivo democrático. Pero ¿es la misma cosa el socialismo democrático que la socialdemocracia?, ¿una democracia social equivale a una democracia socialista? Desde el siglo XIX, la lucha del movimiento obrero obligó a las fuerzas conservadoras a aceptar el sufragio universal y a intentar algunas tímidas mejoras sociales. Con el tiempo, las derechas llegaron a presumir de que también ellas eran demócratas y partidarias del bienestar social de los ciudadanos. En Cataluña, sin ir más lejos, la derecha nacionalista de Jordi Pujol se presentó a las primeras elecciones democráticas (1977) con un programa socialdemócrata. Cuando le conviene a su sucesor, Artur Mas, aparecer con tal signo, se olvida de cuando se presentaba como liberal-conservador. También el partido democristiano del señor Duran i Lleida se llama ahora socialcristiano, pese a su defensa del capitalismo.

En fin, Aznar hizo creer a los votantes en 1996 que estaba más a la izquierda que el PSOE, y así engañó a la gente que le creyó de centro. Por todo eso se ha impuesto el tópico de que la izquierda apenas se diferencia de una derecha moderna. ¿Serán los socialistas, por un casual, la mano izquierda del capitalismo en el doble sentido de la palabra: su diplomacia dialogante y su apagafuegos en los momentos críticos para el sistema? Tras los estragos de la II Guerra Mundial, la población europea necesitaba como nunca una política social avanzada y votó que gobernara la izquierda. El capital lo consideró tan inevitable como útil. Con una URSS amenazante y dos poderosos partidos comunistas en Italia y Francia, había que apartar al pueblo trabajador de la tentación revolucionaria. Por seguridad nacional y por confundir el capitalismo depredador con la libertad de empresa y de mercado, el labour británico y sus colegas continentales reconciliaron a la ciudadanía con el capital mediante un cierto bienestar y a costa de los países pobres.

Con los años, la socialdemocracia se convirtió en la mano izquierda del sistema, practicó el neocoloniaje y demonizó al comunismo. ¿Qué fue de la democracia socialista propugnada por su fundador? Marx nunca fue comunista; reconoció no saber cómo sería el socialismo futuro; recomendó reformas que hoy nos parecerían superadas por la realidad. Pero la base de su análisis es inequívocamente anticapitalista. Si la socialdemocracia del provenir dejara de combatir el régimen imperante, no podría llamarse a sí misma, no ya marxista (Marx decía no serlo), sino socialista. Tal adjetivo sólo correspondía a quien, por impulso democrático, hiciera desaparecer el capitalismo del Planeta. Todo lo contrario, pues, de una socialdemocracia que, so pretexto de darle paliativos a un régimen agonizante, acabara reanimándolo y prolongando su turbia vida.

Fue el renegado Karl Kautsky (como lo llamó Lenin) quien, como marxista, formuló el criterio, ambiguo pero certero, para juzgar una posible rendición de la izquierda. Cuando se haya logrado que la mayoría social anticapitalista alcance la mayoría política, habrá que proceder a la revolución de la mayoría, consistente en emprender unas reformas del sistema que acaben con él, no que lo fortifiquen. Nada de paliativos. Eutanasia pura y simple, si bien con todos los requisitos legales. Este es el criterio (¿quién lo diría?) recogido en el artículo 9.2 de nuestra Constitución. En él se hace responsables a todos los poderes públicos de la remoción de cuantos obstáculos impidan que la libertad y la igualdad de las personas y sus colectivos sean reales y efectivas. Es decir, desmontar el tinglado de la vieja farsa democrática del capitalismo. Dicho texto casi nadie se lo ha tomado en serio.

Excepcional fue el discurso ante las Cortes del socialista catalán Joan Reventós al calificar la norma constitucional de auténtica base legitimadora de un tránsito del capitalismo al socialismo. Aunque Marx no extendía recetas para enfermedades venideras, su ideal era la Commune (Ayuntamiento) parisina de 1871: autogobierno popular local, autogestión obrera y propiedad social (nunca estatal); algo que sólo lo intentó la revolución yugoslava entre los años 50 y 60 del pasado siglo.

Al caer el imperio moscovita, la derecha creyó innecesario seguir teniendo mano izquierda con el nuevo proletariado, ya inducido del todo al consumo a crédito. La socialdemocracia fue acusada, por si acaso, de “comunismo rosa” para desprestigiar una hipotética democracia socialista. La Realpolitik de los Mitterand, et alii, no hizo nada que justificase aquella interesada falsedad. Las derechas volvieron a gobernar por el desencanto de unas masas que seguían confundiendo en el socialismo las reformas paliativas con las eutanásicas. ¿Para qué votar a la izquierda si la derecha le ha arrebatado de las manos los trastos de torear?

Una y otra, por mucho que se distingan en cuestiones democráticas muy importantes, no dejarían de ser las dos manos de un coloso al cual, en su injusta irracionalidad bien demostrada, no se le hacen los dedos huéspedes en su mano derecha porque le hayan recortado los de la izquierda. Todo lo contrario. Debiera acabar, por tanto, la confusión. Ni la socialdemocracia es el socialismo ni un socialismo retórico es ya una democracia socialista. De momento y hasta tiempos mejores, la única palabra que no confunde ni engaña es la palabra anticapitalismo.

José A. González Casanova es Catedrático de Derecho Constitucional y escritor

http://blogs.publico.es/dominiopublico/1450/%C2%BFsocialdemocracia-o-socialismo/

martes, 28 de julio de 2009

Nos quieren atados y bien atados


Por: Floren Aoiz

Leo uno de los Principios del Movimiento en el reportaje de www.nafarroan.com sobre los 40 años de la designación de Juan Carlos Borbón como sucesor de Franco. Esto es, una de las bases ideológicas del fascismo español vencedor del golpe de estado de julio de 1936. Es el octavo principio, y dice así: «La participación del pueblo en las tareas legislativas y en las demás funciones de interés general se llevará a cabo a través de la familia, el municipio, el sindicato y demás entidades con representación orgánica que a este fin reconozcan las leyes. Toda organización política de cualquier índole, al margen de este sistema representativo, será considerada ilegal». La Ley de Principios del Movimiento es del año 1958, pero si alguien quiere encontrar la base de la Ley de Partidos ahí la tiene. Más claro imposible. Ahora, claro está, no se habla de familia, municipio y sindicato. Actualmente son ciertos partidos y sindicatos los que desempeñan el papel de instituciones del régimen. Eso es el régimen, el sistema, y los demás, los que están al margen, son considerados ilegales. La consideración de que quien no está con el régimen debe ser ilegalizado es una de las herencias del franquismo.

Se cumplen 40 años del nombramiento del Borbón como sucesor de Franco en la Jefatura del Estado español. Nadie es capaz de imaginar el aniversario del nombramiento por Hitler del presidente de Alemania. Aquí, sin embargo, todo son alabanzas al individuo que aceptó suceder al dictador y se hartó de jurar fidelidad a los principios del fascismo. Un señor que proclamaba a los cuatro vientos que reconocía que su cargo se debía al 18 de julio. Éste es el emblema de la transición, la imagen del Estado español ante el mundo, la representación de la «democracia española». Esta es la persona que, desde la legitimidad que le da haber sido el delfín de Franco fustiga a los independentistas vascos en nombre de la democracia y la dignidad. Un demócrata. Un pacifista.

A estas alturas no es descubrir nada recordar que fue Franco quien nombró a Borbón. Pero hacerlo ayuda a situar el debate político en sus justos términos. Democracia y Principios del Movimiento son incompatibles. O eres fascista o eres demócrata. O estás con Franco y su herencia política o estás con la democracia. Y lo que no puede aceptarse es que los defensores del legado de Franco nos den lecciones de democracia. En julio de 1969 Franco dijo aquello de atado y bien atado. Se refería a la conveniencia de designar a Borbón como sucesor. 40 años después sabemos que no se trataba sólo de asegurar la continuidad del Estado Español tal y como lo entendían los franquistas. El objetivo era mantenernos atados y bien atados, tener fuera de la ley a quienes no compartimos ese modelo y afirmamos el derecho de los pueblos a decidir libremente su futuro. 40 años después, a pesar de los pesares, podemos decir con orgullo que mientras algunos llevan 40 años atados por el cordón umbilical que los une al franquismo, otros seguimos reclamando una verdadera democracia. Porque tenemos memoria. Porque nunca olvidaremos las imágenes de Franco con el Borbón ni la relación de continuidad entre ellos y los regímenes que representan.

Publicado en Rebelion