lunes, 28 de febrero de 2011

Abogados del dólar.

Infierno americano, pan nuestro
empapado en veneno, hay otra
lengua en tu pérfida fogata:
es el abogado criollo
de la compañía extranjera.
Es el que remacha los grillos
de la esclavitud en su patria,
y desdeñoso se pasea
con la casta de los gerentes
mirando con aire supremo
nuestras banderas harapientas.
Cuando llegan de Nueva York
las avanzadas imperiales,
ingenieros, calculadores,
agrimensores, expertos,
y miden tierra conquistada,
estaño, petróleo, bananas,
nitrato, cobre, manganeso,
azúcar, hierro, caucho, tierra,
se adelanta un enano oscuro,
con una sonrisa amarilla,
y aconseja, con suavidad,
a los invasores recientes:
No es necesario pagar tanto
a estos nativos, sería
torpe, señores, elevar
estos salarios. No conviene.
Estos rotos, estos cholitos
no sabrían sino embriagarse
con tanta plata. No, por Dios.
Son primitivos, poco más
que bestias, los conozco mucho.
No vayan a pagarles tanto.

Es adoptado. Le ponen
librea. Viste de gringo,
escupe como gringo. Baila
como gringo, y sube.
Tiene automóvil, whisky, prensa,
lo eligen juez y diputado
lo condecoran, es Ministro,
y es escuchado en el Gobierno.
Él sabe quién es sobornable.
Él sabe quién es sobornado.
Él lame, unta, condecora,
halaga, sonríe, amenaza.
Y así vacían por los puertos
las repúblicas desangradas.
Dónde habita, preguntaréis,
este virus, este abogado,
este fermento del detritus,
este duro piojo sanguíneo,
engordado con nuestra sangre?
Habita las bajas regiones
ecuatoriales, el Brasil,
pero también es su morada
el cinturón central de América.
Lo encontraréis en la escarpada
altura de Chuquicamata.
Donde huele riqueza sube
los montes, cruza los abismos,
con las recetas de su código
para robar la tierra nuestra.
Lo hallaréis en Puerto Limón,
en Ciudad Trujillo, en Iquique,
en Caracas, en Maracaibo,
en Antofagasta, en Honduras,
encarcelando a nuestro hermano,
acusando a su compatriota,
despojando peones, abriendo
puertas de jueces y hacendados,
comprando prensa, dirigiendo
la policía, el palo, el rifle
contra su familia olvidada.
Pavoneándose, vestido
de smoking, en las recepciones,
inaugurando monumentos
con esta frase:
Señores,
la Patria antes que la vida,
es nuestra madre, es nuestro suelo,
defendamos el orden, hagamos
nuevos presidios, otras cárceles.

Y muere glorioso, “el patriota”
senador, patricio, eminente,
condecorado por el Papa,
ilustre, próspero, temido,
mientras la trágica ralea
de nuestros muertos, los que hundieron
la mano en el cobre, arañaron
la tierra profunda y severa,
mueren golpeados y olvidados,
apresuradamente puestos
en sus cajones funerales:
un nombre, un número en la cruz
que el viento sacude, matando
hasta la cifra de los héroes.

-Pablo Neruda.

sábado, 5 de febrero de 2011

Esas "dictaduras amigas"

Ignacio Ramonet

¿Una dictadura en Túnez? ¿En Egipto una dictadura? Viendo a los mediosp_30_01_2011 relamerse con la palabra «dictadura» aplicada al Túnez de Ben Alí y al Egipto de Moubarak, los franceses han debido de preguntarse si han entendido o han leído bien. ¿No habían insistido durante decenios esos mismos medios y esos mismos periodistas en que esos dos “países amigos” eran “Estados moderados”? ¿La horrible palabra “dictadura” no estaba exclusivamente reservada en el mundo árabe musulmán (después de la destrucción de la “espantosa tiranía” de Saddam Hussein en Irak) solo al régimen Iraní? ¿Cómo? ¿Había entonces otras dictaduras en la región? Y ¿nos lo habrían ocultado los medios de nuestra ejemplar democracia?

martes, 25 de enero de 2011

Estudios de posgrado.

libros Las becas de posgrado y maestría que gestiona el gobierno panameño tienen como criterio fundamental -cuando no el único- que el aspirante presente un índice superior a 2.00. ¿Es suficiente este criterio para garantizar que será electo el candidato con mayores capacidades y que aportará con su especialización al desarrollo social?

Estoy de acuerdo en que debe tener un valor importante la capacidad memorística de los participantes, reflejada en su índice, pero deben tomarse en cuenta otros elementos, no menos importantes como la tesis de licenciatura, entrevista al aspirante, presentación de ensayo, entre otros.

La suma de estos elementos acerca la posibilidad de tomar una decisión más integral, más próxima a lo justo. Pero por ahora el sistema sigue apostando a lo fácil: recibir las solicitudes y ordenarlas numéricamente de acuerdo al índice.

Con estos mecanismo de selección no se aporta a la generación de conocimiento nuevo, cuando mucho, se da una premiación apropiada a aquellos que mejor se adaptan al sistema educativo y social que tenemos.

-LCR, 25 de enero de 2011.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Pacto Social y Constitución.

La Constitución Política del Estado, es reflejo del pacto social acordado por los miembros de una sociedad o impuesto por una parte de ella a otra parte de la misma.

Nuestra Constitución nacional tiene vicios de origen, nace durante la sanguinaria tiranía militar en 1972, sufre sus mayores modificaciones en 1983 y luego del retorno de la democracia formal pasa por tres actos legislativos, apenas trascendentes.

La democracia no es sólo votar, está se configura en hecho cierto y vivo cuando el pueblo trabajador –que es el componente mayoritario de la sociedad- ejerce la soberanía del Estado, cuando este sujeto colectivo construye una realidad basada en la igualdad, la justicia social, la dignidad de toda la humanidad y el ambiente que le rodea.

La historia de nuestra patria con sus cuatro Constituciones al hombro, no es la historia de un pueblo trabajador soberano, por más que lo proclame la Carta Magna vigente, es la historia de un banquete al que sólo hemos sido convidados como espectadores, a recoger las migas del festín que disfrutan las mismas familias de siempre, sus socios extranjeros y unas cuantas rémoras que van y vienen, al vaivén de las elecciones y las crisis cíclicas del capitalismo.

El pacto social representado en la actual Constitución Política no fue acordado por el pueblo trabajador panameño, le ha sido impuesto, unas veces por la fuerza de la bota militar, otras por la violencia solapada que nace cual resaca, después de las subastas electoreras.

Cada Constitución contiene en si misma los mecanismos para ser reformada parcial o totalmente (nueva Constitución), los cuales deberían ser adecuados a las necesidades de la sociedad que regulan. En la última reforma se introdujo en el texto constitucional la alternativa de la Asamblea Constituyente Paralela, lo que en primera instancia podría parecer positivo, pero al entrar a estudiar en detalle los elementos que la componen, la forma de elegir dicha Asamblea y los límites de reforma que se le imponen -no es plenipotenciaria- nos damos cuenta que el status quo coloco está opción de reforma constitucional como una válvula de escape de la presión social, pero de ningún modo pretendió que la Asamblea Constituyente Paralela tuviese la posibilidad introducir los cambios estructurales que necesita nuestra sociedad.

Ninguna de nuestras Constituciones anteriores ha sido reemplazada por el método que ella establecía internamente. La de 1904 acabo de un plumazo, la de 1941 sufrió el destino del gobierno que la creo y la de 1946 se esfumó entre las torturas de la doctrina de seguridad nacional; todas fueron superadas por las condiciones objetivas del momento, lo cual es natural, pues el Derecho no está por encima de las relaciones de poder y las contradicciones sociales del Estado que regula.

Es necesario un nuevo pacto social, es necesaria una nueva Constitución y el factor determinante para concretizarla frente a la oposición de los poderes fácticos y los poderes constituidos -que muchas veces se entremezclan entre sí- es la organización del pueblo trabajador, sólo él, como sujeto colectivo soberano, es capaz de conducir las transformaciones necesarias y urgentes.

Está organización del pueblo trabajador pasa primeramente por la profundización de las condiciones subjetivas, es decir, que tome conciencia de sí mismo, que el trabajador se reconozca a sí mismo como trabajador, independientemente del sector productivo en el que labore, y que al reconocerse como trabajador pueda ir identificando los objetivos comunes de los otros de su misma clase social.

Los trabajadores somos los creadores de riqueza, los que hacemos caminar los engranajes de la sociedad, somos los más y no debemos permitir que nos traten como los menos, como los que sólo votan y se van a sobrevivir, los que reciben caridad de sus impuestos, los condenados a escuelas y hospitales de tercera. En manos del pueblo trabajador está la conquista de una Constitución y un Estado realmente democrático.

Publicado en “Kaos en la Red” el 17 de septiembre de 2010 y “La Estrella de Panamá” el 3 de octubre de 2010.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Patria es pueblo.

¿Qué es la Patria? Desde niños aprendemos que la patria es la bandera y elconverted PNM file himno nacional, es escudo y cinta tricolor. Con el tiempo, cuando somos adultos, patria es una balada de un cantautor popular o bandas de música en interminables desfiles.

Los seres humanos tenemos la cualidad de representar gráficamente nuestros sentimientos y ese es el valor que tienen nuestros símbolos patrios, son una reflejo de ese amor que creemos los patriotas que se merece esta tierra. Y no es el amor a un ente abstracto, amar a la patria es tener la firme convicción de que todos sus hijos e hijas merecen una vida digna y decorosa, la patria no puede ser pretexto para la voracidad de unos y el sufrimiento de otros. Como dijo José Martí, "La patria es dicha, dolor y cielo de todos y no feudo ni capellanía de nadie”.

Los símbolos patrios, el Canal de Panamá, la pollera y el montuno, nada de eso tiene un valor per se, su valor se tasa en la medida que refleja una parte de lo que somos como pueblo. Somos aguerridos indígenas que combatieron al europeo invasor, con Urraca al frente, somos negros cimarrones que escapan a los palenques lejos de la esclavitud, somos Pedro Prestan y Victoriano Lorenzo a inicios del siglo XX, somos los estudiantes del 9 de enero, que por una bandera rasgada y una patria ocupada entregaron su vida sin pensarlo, somos los tercos poemas de Diana Morán y la intransigencia revolucionaria de Polidoro Pinzón y Floyd Britton.

Panamá, un país de muchas riquezas y muchos pobres, condicionado por una franja de agua y metal que lo atraviesa de lado a lado, para beneficio del mundo; nacimos protectorado y celebramos ese parto al ritmo del gold roll y silver roll, tierra de democracias oligárquicas de dientes filosos y dictaduras sanguinarias con piel de oveja.

Somos tantas cosas y la patria se sigue construyendo en el tiempo, seguimos creciendo y aprendiendo.

Crecimos geográficamente centroamericanos, históricamente sudamericanos y culturalmente caribeños, pero nuestra economía y política han estado más vinculadas desde la cuna al poder imperial de los Estados Unidos, y junto a Puerto Rico, fuimos el ejemplo más evidente de la existencia del patio trasero.

Nuestra posición geográfica y el acomodamiento de la burguesía criolla condicionaron la deformación de las estructuras económicas nacionales. Somos un país de producción agrícola e industrial débil, que apuesta todo su futuro al comercio y la banca que desarrolla la capital de la república, dejando al resto de las provincias en manos de la suerte que pueda brindarle la todopoderosa mano invisible del mercado.

Los panameños somos así, complejos en nuestra pequeñez demográfica, habitantes de una patria joven, mucho más joven de lo que imaginamos, seguimos en constante búsqueda, encaminados como pueblo hacia un segundo y definitivo nacimiento.

-LCR, publicado en “La Prensa ” el 10 de noviembre de 2010 y en “Kaos en la Red” el 11 de noviembre de 2010.

martes, 12 de octubre de 2010

Ni corruptos, ni contentos.

Mario Benedetti
El innegable talento demostrado por Mario Vargas Llosa en sus siete novelas, los premios y honores acumulados en más de veinte años, así como la extraordinaria difusión alcanzada por sus libros, han generado y generan una razonable expectativa ante cada uno de sus comentarios y opiniones, aun cuando no se limiten al campo específico de la literatura.
En los últimos años, el autor de La casa verde ha mostrado cierta preocupación por explicar sus preferencias y desencantos políticos. Entre las primeras figura, por ejemplo, el Gobierno de su país, encabezado por Fernando Belaúnde Terry; entre los segundos están la revolución cubana y, de un tiempo a esta parte, la revolución sandinista. Desde 1960 a la fecha, Vargas Llosa ha efectuado un viraje espectacular en sus predilecciones políticas, y si bien siempre se ha esforzado por demostrar que su desvelo especial es la libertad, lo cierto es que hace quince años era entusiastamente apoyado por las izquierdas latinoamericanas, y hoy en cambio es halagado y arropado por las derechas. Es claro que en aquel apoyo y en este sostén caben anchas franjas de malentendidos que no corresponden al autor en cuestión, pero de todas maneras son señales a tener en cuenta. Las izquierdas suelen equivocarse en sus fervores; las derechas, casi nunca.
Me parece absolutamente legítimo que un escritor, y más si es alguien conocido y admirado como Vargas Llosa, se sienta tan presionado por la realidad como para pronunciarse frecuentemente sobre ella. La circunstancia de que muchos intelectuales latinoamericanos, a pesar de no practicar la obsecuencia ni la obediencia ciega que suele atribuirnos Vargas Llosa, mantengamos nuestra adhesión a las revoluciones de Cuba y Nicaragua no nos impide comprender que vanos aspectos de esas realidades hieran, vulneren o incluso descalabren ciertas pautas y arquetipos de otros intelectuales. De modo que mientras Vargas Llosa se limitó a expresar su visión personal de lo que consideraba un sistema político ideal (modelo que, con los años, se fue desplazando de Cuba a Israel), así como sus implacables juicios ante los arduos procesos revolucionanos, la distancia entre sus posiciones y las de la mayoría de los intelectuales latinoamericanos sigue creciendo, pero el respeto mutuo se mantuvo. Hoy Vargas Llos reconoce de manera explícita (véase la entrevista concedida a Valeno Riva en Panorama, Roma, 2 de enero de 1984) que su postura es francamente rninoritana entre los intelectuales de nuestros países. Esa comprobación no sólo lo sacude y lo irrita, sino que lo lleva a un nivel de agravios que no suele ser moneda corriente en el mundo cultural latinoamericano, donde siempre han existido y coexistido enfoques diversos y hasta contradictorios.
Frecuentemente leo artículos de Vargas Llosa y entrevistas que concede a los medios de comunicación; sin embargo, en el reportaje de Panorama antes mencionado encuentro por vez primera algunas tajantes afirmaciones que nunca vi reflejadas en sus colaboraciones latinoamericanas. Pude leer esa nota porque unos amigos me la enviaron desde Italia debido a que yo era allí directamente aludido. Corruptos y contentos titula Valerio Riva a toda página el artículo en cuestión, sintetizando así el diagnóstico de su ilustre interlocutor acerca de sus colegas latinoamericanos. Sólo menciona tres excepciones (aclara que «hay que buscarlas con linterna»); Octavio Paz, Jorge Edwards y Ernesto Sábato, pero tengo mis dudas de que este último se sienta halagado por integrar la terna. Según declara Vargas Llosa, el llamado caso Padilla le restituyó la soberanía individual, y desde entonces ya no se siente «una suerte de zombi, de robot, de instrumento», como sugiere que todavía han de sentirse muchos de sus colegas. Traza una línea divisoria entre los intelectuales de Europa y los de América Latina: «Entre los intelectuales europeos de izquierda ha tenido lugar un saludable replanteamiento, pero en América Latina la mayoría baila aún obedeciendo a reflejos condicionados, como el perro de Pavlov». Cuando Valerio Riva le pregunta cuántos y quiénes son esos «intelectuales condicionados», Vargas Llosa responde: «Gabriel García Márquez, Mario Benedetti y Julio Cortázar. Éstos son los más ilustres, pero luego hay un número infinito de intelectuales medianos y menores, todos perfectamente manipulados, subordinados, corruptos. Corruptos por el reflejo condicionado del miedo de afrontar el mecanismo de satanización que posee la extrema izquierda. (…) Intelectuales respetabilísimos tragan las mentiras más infames simplemente para no ser triturados por ese mecanismo de difamación».
Entiendo que el propio Vargas Llosa no es una aceptable prueba de su teoría, ya que desde hace años se viene despachando a gusto sobre algunas de nuestras más firmes convicciones, y sin embargo no parece haber sido muy triturado: no sólo no recuerdo que nadie lo haya tratado de «corrupto y contento», ni siquiera de «perro de Pavlov», sino que más bien ha sido promocionado, elogiado, editado, premiado y traducido como pocos escritores de este mundo. Tal vez su caso podría ser ejemplo del extraordinario apoyo que puede lograr un escritor cuando, además de producir excelentes obras, ataca las posiciones y actitudes de izquierda. Realmente, Vargas Llosa no es demasiado convincente como modelo de intelectual triturado. Pero no se detiene allí: «En los países del Tercer Mundo y sobre todo en América Latina, el intelectual es un elemento fundamental del subdesarrollo. No es alguien que lucha contra el subdesarrollo, sino que él mismo es un factor de subdesarrollo, ya que es un gran propagador de estereotipos y crea reflejos intelectuales condicionados. Al repetir todos los lugares comunes de la propaganda, termina por obstruir cualquier posibilidad de creación de nuevas fórmulas de liberación», Tengo la impresión de que la teoría de los reflejos condicionados ha ido condicionando a Vargas Llosa. Gracias a Pavlov sabemos ahora que el subdesarrollo no es una consecuencia del desarrollado y sub-desarrollante imperialismo, ni de las intocables transnacionales, ni del extendido analfabetismo, sino del alfabetizado y maligno intelectual. Toda una revelación, aunque nos sea difícil imaginar (quizá debido a que somos zombis o robots) que Carpentier o Neruda resulten más culpables de nuestras miserias que la United Fruit o la Anaconda Copper Mining. Es probable que cuando Vargas Llosa menciona el carácter corrupto (y contento) de la mayoría de los escritores latinoamericanos esté pensando en el oro de Moscú. Lamentamos desilusionarlo. Ni los mejores atornillados robots de entre nosotros hemos tenido acceso a esa cuota áurea. Supongo que no se referirá a los derechos de autor generados en los países socialistas, en primer término porque son harto dificiles de cobrar, y en segundo, porque el propio Vargas Llosa ha sido profusamente publicado por las editoriales comunistas.
A un intelectual del alto rango artístico de Vargas Llosa debe exigírsele una mínima seriedad en los planteos políticos, particularmente cuando éstos ponen en entredicho la probidad de sus colegas. Hablar de «corruptos y contentos» en una rejón del mundo en la que hay tantos intelectualesperseguidos, prohibidos, exiliados; donde hay por lo menos veintiocho poetas (incluido su compatriota Javier Heraud) que perdieron la vida por causas políticas; un continente que ha conocido el holocausto de Rodolfo Walsh, Haroldo Conti, Paco Urondo; la desaparición de Julio Castro; el asesinato de Roque Dalton e Ibero Gutiérrez; la prisión de Carlos Quijano y Juan Carlos Onetti; la tortura de Mauricio Rosencof y la muerte heroica de Leonel Rugania; hablar de «corruptos y contentos» en ese marco de discriminación y de riesgo, de amenazas y de crimen es, por lo menos, una actitud insoportablemente frívola.
Ni corruptos ni contentos. El segundo calificativo es casi tan grave como el primero, y revela el mismo desconocimiento del material humano que hoy sostiene y profundiza la cultura de América Latina. ¿Cómo podremos estar contentos si en cada minuto muere un niño en América Latina debido ahambre o a enfermedad; si cada cinco minutos ocurre un asesinato político en Guatemala; si hay treinta mil desaparecidos en Argentina? Confieso que, en el fondo, ésta ráfaga de agravios, esta virulenta ofensiva que Vargas Llosa dedica a aquellos intelectuales que no comparten sus ideas, me decepciona bastante. Precisamente por haber disfrutado tanto, como lector, de la obra de Vargas Llosa, me entristece particularmente esta injusta diatriba, esta falta de mínimo respeto a quienes, como él, aunque probablemente no tan bien como él, luchamos a diario con la palabra y tratamos de convertirla en literatura, es decir, en patrimonio de todos. Hace tiempo que nos hemos resignado a que no esté con nosotros, en nuestra trinchera, sino con ellos, en la de enfrente, pero en cambio no podemos resignarnos a que, por diferencias ideológicas o amparado quizá en las dispensas de la fama, recurra al golpe bajo, al juego ilícito, para reforzar sus respetables argumentos. Afortunadamente, la obra de Vargas Llosa está netamente situada a la izquierda de su autor, y seguirá siendo leída con fruición por los zombis, los robots y los perros de Pavlov.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Pacto Social y Constitución.

La Constitución Política del Estado, es reflejo del pacto social acordado por los miembros de una sociedad o impuesto por una parte de ella a otra parte de la misma.

Nuestra Constitución nacional tiene vicios de origen, nace durante la sanguinaria tiranía militar en 1972, sufre sus mayores modificaciones en 1983 y luego del retorno de la democracia formal pasa por tres actos legislativos, apenas trascendentes.

La democracia no es sólo votar, está se configura en hecho cierto y vivo cuando el pueblo trabajador –que es el componente mayoritario de la sociedad- ejerce la soberanía del Estado, cuando este sujeto colectivo construye una realidad basada en la igualdad, la justicia social, la dignidad de toda la humanidad y el ambiente que le rodea.

La historia de nuestra patria con sus cuatro Constituciones al hombro, no es la historia de un pueblo trabajador soberano, por más que lo proclame la Carta Magna vigente, es la historia de un banquete al que sólo hemos sido convidados como espectadores, a recoger las migas del festín que disfrutan las mismas familias de siempre, sus socios extranjeros y unas cuantas rémoras que van y vienen, al vaivén de las elecciones y las crisis cíclicas del capitalismo.

El pacto social representado en la actual Constitución Política no fue acordado por el pueblo trabajador panameño, le ha sido impuesto, unas veces por la fuerza de la bota militar, otras por la violencia solapada que nace cual resaca, después de las subastas electoreras.

Cada Constitución contiene en si misma los mecanismos para ser reformada parcial o totalmente (nueva Constitución), los cuales deberían ser adecuados a las necesidades de la sociedad que regulan. En la última reforma se introdujo en el texto constitucional la alternativa de la Asamblea Constituyente Paralela, lo que en primera instancia podría parecer positivo, pero al entrar a estudiar en detalle los elementos que la componen, la forma de elegir dicha Asamblea y los límites de reforma que se le imponen -no es plenipotenciaria- nos damos cuenta que el status quo coloco está opción de reforma constitucional como una válvula de escape de la presión social, pero de ningún modo pretendió que la Asamblea Constituyente Paralela tuviese la posibilidad introducir los cambios estructurales que necesita nuestra sociedad.

Ninguna de nuestras Constituciones anteriores ha sido reemplazada por el método que ella establecía internamente. La de 1904 acabo de un plumazo, la de 1941 sufrió el destino del gobierno que la creo y la de 1946 se esfumó entre las torturas de la doctrina de seguridad nacional; todas fueron superadas por las condiciones objetivas del momento, lo cual es natural, pues el Derecho no está por encima de las relaciones de poder y las contradicciones sociales del Estado que regula.

Es necesario un nuevo pacto social, es necesaria una nueva Constitución y el factor determinante para concretizarla frente a la oposición de los poderes fácticos y los poderes constituidos -que muchas veces se entremezclan entre sí- es la organización del pueblo trabajador, sólo él, como sujeto colectivo soberano, es capaz de conducir las transformaciones necesarias y urgentes.

Está organización del pueblo trabajador pasa primeramente por la profundización de las condiciones subjetivas, es decir, que tome conciencia de sí mismo, que el trabajador se reconozca a sí mismo como trabajador, independientemente del sector productivo en el que labore, y que al reconocerse como trabajador pueda ir identificando los objetivos comunes de los otros de su misma clase social.

Los trabajadores somos los creadores de riqueza, los que hacemos caminar los engranajes de la sociedad, somos los más y no debemos permitir que nos traten como los menos, como los que sólo votan y se van a sobrevivir, los que reciben caridad de sus impuestos, los condenados a escuelas y hospitales de tercera. En manos del pueblo trabajador está la conquista de una Constitución y un Estado realmente democrático.

-LCR
Publicado en “Kaos en la Red” el 17 de septiembre de 2010.